martes, 11 de noviembre de 2014

RAPHAEL - La banda sonora de mi vida.



Para mi Raphael es mucho más que la mayor leyenda viva de la música en España. 

Es parte de mi niñez, de mi adolescencia, de mi juventud y de mi madurez. 
Es parte de mi vida,  y está ligado intrínsecamente a ella desde mi más tierna infancia. 

Por eso, escribir sobre Raphael es escribir sobre mi propia vida. 


1962 - Raphael gana tres premios del Festival Internacional de la Canción de Benidorm.  Pudiendo  ganar  tres ¿por qué iba a ganar solo uno? Así era Raphael, ¡apuntaba maneras mi niño de negro!

A partir de entonces,  podías oírle a todas horas,  en todos los programas musicales de la radio. 

Le descubrí, a través de mi prima, siete años mayor que yo,  raphaelista hasta la médula y por la que sentía verdadera pasión.
Ella escuchaba sus discos en este modernísimo pick-up de Philips (con ph, como mi niño de negro), y yo con ella. 

Pick-ap Philips
1965 - A los cuatro años, escribía de mi puño y letra a un programa de radio en Santander para pedir que me dedicaran sus canciones. “La raphaelista más joven de España” me llamaban en el programa. Mandaba callarse a todo el mundo cuando cantaba, pues a Raphael se le escuchaba en silencio.

Mis canciones infantiles no fueron Había una vez un barquito chiquitito, ni nada que se le parezca, yo cantaba a voz en cuello Casi, casi y Todas las chicas me gustan;  y lloraba a lágrima viva cuando escuchaba Los hombres lloran también o La Mama, entre otras.


Raphael se convirtió en mi amigo inseparable y compañero de juegos.  Otros niños tenían un amigo imaginario, ¿no? Pues yo tenía uno que no había que imaginar y que cantaba que daba gloria oírle. 
1966 - Una noche trágica. Yo tenía cinco años y Raphael participaba en el Festival de Eurovisión.

Y cantó. Y perdió.

Mis padres no sabían qué hacer conmigo, lloraba sin consuelo. Me llevaron a la cama y me dejaron llorar hasta que me dormí. Y me dormí llorando, abrazada a mi yo-yo gigante y rojo que tenía una foto de Raphael.


¿Cómo podían estar tan ciegos y tan sordos?  No se podía cantar mejor ni ser más guapo. 

1967 - Raphael se volvió a presentar al dichoso festival completamente en contra de mi voluntad, y quién sabe si en contra de la suya. 

Y,  otra vez llorando a la cama  con mi yo-yo gigante y rojo. 
Y me dormí susurrando lo que decía aquella canción que mi niño de negro acababa  de cantar maravillosamente bien:

¿Qué nos importa? ¿Qué nos importa?
toda esa gente que viene y que va por el mundo
sin ver la realidad?


video

Ese mismo año se rueda la película Al ponerse el sol en Oyambre y Comillas, a unos treinta kilómetros de mi casa.

Puede haber mayor decepción para una niña de seis años que su padre, el superhéroe con el que pensaba casarse cuando fuera mayor, no la lleve (por tener que trabajar) al rodaje de la película de su amigo inseparable?
No la hay, te lo digo yo.
Supliqué y rogué de toda forma posible. No hubo manera. Y acabé llorando abrazada a mi yo-yo gigante y rojo, que cada día era menos gigante y menos rojo.
Y me prometí a mi misma que jamás me casaría con mi padre, al fin y al cabo, estaba perdiendo súper poderes a ojos vistas.
1968  A los siete años, por problemas de salud y alentados por mi médico, mis padres se vieron en el brete de tener que dejarme interna en un colegio de monjas en el interior del país, huyendo así de la humedad del norte, que según opinaban, me estaba matando.
Fue durante un fin de semana que mis padres fueron a visitarme, que me regalaron mi primer tocadiscos.
Entonces mi canción para llorar a gusto fue,

Yo solo.
Yo solo, solo...
Como el pájaro herido
que no puede volar,
como el agua del río.
como el mar en alta mar.
Tú sola, con todo tu silencio,
con todos tus recuerdos de ayer.

¡Qué dulcemente triste me quedaba yo, con la única compañía de aquella canción!

Para ese tiempo descubrí que no había nadie como mi madre para hacer regalos.
El regalo por excelencia, para mi prima y para mi, fue toda una aventura.

¡Unas entradas para el estreno de la película Digan lo que digan! Es implicaba un viaje de más de cien kilómetros a Santander en un tren de vagones de madera, pasar la noche en la capital y regresar al día siguiente.



¡Nada podía ser más emocionante!

 



¡95 minutos de puro delirio colectivo! 


Yo no entendía nada. Un cine abarrotado de chicas desquiciadas que no paraban de gritar. Gritaban cuando cantaba. Gritaban cuando hablaba. Solo gritaban. Bueno, algunas lloraban...

-Mamá, ¿por qué gritan?
- Porque les gusta mucho.
-A mi también me gusta mucho y no grito. ¡Es una falta de respeto para Raphael, qué vergüenza! 

¿Tan difícil de entender era que a Raphael se le escucha en silencio?

Estaba claro que yo no era una fan al uso, y sigo sin serlo hasta el día de hoy.

Aprovecho para decir que aquellas películas no eran la simple promoción de un disco, eran de una calidad extraordinaria. Ésta, por ejemplo, se rodó en Argentina: Buenos Aires, Bariloche, Iguazú; y cuenta con Antonio Gala como guionista. ¡No se puede pedir más!


1977Y entre canción y canción me planté en la adolescencia. Y con ella la ilusión del primer amor. Y ahí estaba Raphael dándole su toque de magia  a mis sentimientos y emociones como nadie más podría hacerlo:




Cuando llega mi amor:
Cuando llega mi amor,                                    
todo es distinto, todo es mejor.
Cuando llega mi amor,
canta conmigo su corazón,
cuando llega mi amor... 

Me gusta pensar en ti:
Pienso en cosas siempre a tu alrededor
porque en mi no hay pensamiento mejor
que tu amor, que tu amor... 




1978 - Y llegaron los primeros desencuentros amorosos, ¡que era yo muy inconstante! 

Y a la primera oportunidad en su coche sonaba:  
Estuve enamorado:


Estuve enamorado de ti,
estuve enamorado de ti
pero ya no siento nada,
ni me inquieta tu mirada
como ayer...

¡Hay que tener mala baba para utilizar al niño de negro en mi contra!

1979 - ¡Toma hombre, pon esto y cambia de disco ya! (En realidad no era un disco, era un cartucho de ocho pistas).

Tú volverás:










Tu volverás
eso lo sé.
Seguro estoy
aunque al volver
exija más tu dignidad.
Porque me quieres,
porque me adoras,
porque de noche
sueñas conmigo,
porque no puedes
vivir sin mi...

Y volvimos. Y volvimos... a dejarlo. ¡Cosas de críos!

Y él me dijo: Ya me llamarás.

Y entre Se fue, Estar enamorado, Qué tal te va sin mi y Enamorado de la vida, pasaron unos añitos.

1982 - Y entonces, la canción de mi corazón a todas horas fue

Se me olvidó que te olvidé del LP



Se me olvidó que te olvidé,
se me olvidó que te dejé
lejos, muy lejos de mi vida.
Se me olvidó que ya no estás
que ya ni me recordarás,
y me volvió a sangrar la herida.
Se me olvidó que te olvidé
y como nunca te lloré...
1983 - Y le llamé. 

Sin lugar a dudas la canción que mejor define aquella época de un noviazgo a  distancia es Amor mío. Pero esa hay que verla y oírla para entenderme.


                                          video
                                                                 


1984 Nos casamos y llegó el verdadero
Despertar al amor. 

Despertar al amor, descubrir cómo es
impregnarse de él es vivir.
Caminar junto a él, confundirse con él
abrazarse con él, es vivir.
Ser dichoso con él, desgraciado con él,
debutante con él, es vivir.
Y sentarse a su lado, y tomarle la mano
y mirarlo, es sentirse vivir.
Y estrecharlo en tus brazos y luego besarlo,
y sentirlo en el alma, es vivir.
Y lavarle la cara y fundirse con él,
y adueñarse de él, es vivir.
Despertar al amor, sorprenderte de él,
arriesgarte por él, es vivir.
Despertarte con él, escaparte con él,
enfrentarse con él, es vivir.
Enfadarte con él, ser mendigo por él,
arrastrarte por él, es vivir.
Y vivir a su lado, y comer de su mano,
y cuidarlo, es sentirse vivir.
Y estrecharlo en tus brazos y luego besarlo,
y sentirse en el alma, es vivir.
Y lavarle la cara y fundirse con él,
y adueñarse de él, es vivir...



Y pasan los años, y pasa la vida, pero  Raphael sigue acompañándome siempre. Con su voz poderosa y su eterna sonrisa. Siempre Raphael.


Yo, a menudo,  le acompaño a él desde mi butaca, en sus conciertos. Agradecida. 

A Raphael, el Señor de la escena,  le escucho en silencio, sentada;  y  le aplaudo de pie, con intensidad, sin reservas. Lo doy todo, como él mismo hace, dejándose la piel en el escenario, entregándose por completo con cada canción.  Como bien dice el periodista Javier Rodriguez"Canta como siempre: hasta el limite de sus fuerzas: Hasta que, tras ponerlo boca abajo, no queda ni una gota en el vaso de su Arte".

Raphael seguirá conmigo siempre, "poniendo colores por toda la casa", como lleva haciendo por más de 50 años.  No podría imaginar mi vida sin él. Por eso, una parcela de mi corazón será siempre suya, del "eterno solitario detrás de un escenario y propiedad un poco de todos".